
Unas 550 personas acompañaron este sábado, el concierto de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos en el histórico Salón de Actos de la Escuela Normal de Paraná.
La Orquesta Sinfónica de Entre Ríos y el guitarrista Eduardo Isaac dieron un concierto en la Escuela Normal de Paraná.
Unas 550 personas acompañaron este sábado, el concierto de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos en el histórico Salón de Actos de la Escuela Normal de Paraná. Fue la primera presentación allí desde que Luis Gorelik asumió la dirección artística, en 2010, y tuvo como uno de sus puntos destacados el estreno en Argentina del Concierto para percusión y cuerdas de Mozart Camargo Guarnieri.
Faltaba más de una hora para el comienzo y la espera ya se hacía visible en la Escuela Normal José María Torres. Desde las 18.45, el público comenzó a formar fila para ingresar al Salón de Actos. El concierto estaba anunciado para las 20 y, con el paso de los minutos, la convocatoria fue creciendo. Unas 550 personas terminaron compartiendo una noche especial para la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos y también para la histórica institución educativa de la capital provincial.
La presentación se realizó en adhesión a los 155 años de la Escuela Normal, fue organizada por la Secretaría de Cultura de Entre Ríos y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la UADER. En la ocasión el programa estuvo atravesado, en buena parte, por la música brasileña, con Eduardo Isaac como solista invitado.
Entre el público estuvieron la intendenta de Paraná, Rosario Romero; el secretario de Cultura de Entre Ríos, Julián Stoppello; el rector de la UADER, Luciano Filipuzzi, y el secretario de Educación, Cultura y Convivencia Ciudadana de la Municipalidad, Rubén Clavenzani. También asistieron otras autoridades provinciales, municipales y de la casa de estudios.
Gorelik tomó la palabra antes de que sonaran los primeros acordes. Dio la bienvenida, celebró que la orquesta pudiera sumarse al aniversario de la Escuela Normal y anticipó que iría contando, brevemente, algunas claves de las obras elegidas. Con estas intervenciones, además de conducir a la Sinfónica, el director fue acercando al público a los compositores y al contexto en el que habían sido escritas las piezas.
El recorrido comenzó con Heitor Villa-Lobos, a quien Gorelik presentó como el compositor más importante de Brasil y uno de los grandes nombres de Latinoamérica. Se detuvo en una particularidad de su música: la capacidad para reunir materiales de distintas raíces brasileñas con la influencia del impresionismo francés y la herencia de Johann Sebastian Bach. De esa confluencia surgieron las “Bachianas Brasileiras”, uno de los ciclos fundamentales del compositor.
La Sinfónica abrió el programa con el Preludio de las “Bachianas Brasileiras Nº 4”. A continuación, Eduardo Isaac se sumó a la orquesta para interpretar el “Concierto para guitarra y orquesta”, también de Villa-Lobos.
Antes de comenzar, Gorelik recordó que la obra fue escrita por encargo del célebre guitarrista español Andrés Segovia y explicó su particular estructura, que reserva un extenso pasaje para la guitarra sola antes del regreso de la orquesta.
La presencia de Isaac tenía, además, un significado especial. El guitarrista paranaense posee una extensa carrera internacional, con presentaciones en algunas de las principales salas del mundo, pero mantiene un vínculo permanente con Entre Ríos. En 2025, la UADER le otorgó el título de Doctor Honoris Causa. Su encuentro con Gorelik tampoco era nuevo: ambos registraron junto a la Orquesta Sinfónica de Salta la “Suite Argentina”, de Eduardo Falú, para Sony Classical.
Después de Villa-Lobos, el programa se internó en la obra de otro brasileño, Mozart Camargo Guarnieri. Gorelik volvió a dirigirse al público y, esta vez, comenzó con una anécdota que despertó sonrisas: sus padres habían elegido Mozart como nombre de pila aun cuando no eran músicos. Pero enseguida fue hacia lo esencial. Explicó que Guarnieri quedó durante años bajo la enorme sombra de Villa-Lobos, pese a haber sido uno de los compositores brasileños más importantes del siglo XX.
También marcó las diferencias entre ambos. Mientras Villa-Lobos recibió una fuerte influencia de la música francesa, Guarnieri profundizó la búsqueda de las raíces rítmicas brasileñas y desarrolló una escritura de mayor dureza, vinculada también con la influencia de Igor Stravinsky.
Lo que siguió agregó otro dato significativo a la noche: el “Concierto para percusión y cuerdas,” de Camargo Guarnieri, era interpretado por primera vez en Argentina. La obra, escrita en 1953, propone una formación poco habitual: percusión y cuerdas, sin instrumentos de viento. Gorelik se ocupó de señalar esa singularidad antes de dar paso a la música.
Cuando parecía que Brasil había marcado definitivamente el carácter de la velada, llegó un cambio de época, de geografía y también de clima musical. Franz Schubert apareció fuera del programa anunciado.
Gorelik volvió a hablar. Esta vez llevó al público hasta Viena y a los últimos días de la vida del compositor austríaco. Presentó el cuarto movimiento del “Quinteto para cuerdas en do mayor”, en una versión para orquesta de cuerdas, y se detuvo en la contradicción que encierra esa música: una obra escrita por un Schubert gravemente enfermo y cercano a la muerte, pero atravesada por una extraordinaria vitalidad.
“Es una música con una energía avasalladora”, señaló el director al presentar el rondó, sorprendido por cómo desde la escritura de un hombre enfermo y moribundo podía surgir semejante “energía vital”.
Así terminó una noche que había comenzado bastante antes de las 20, cuando las primeras personas decidieron llegar con tiempo y esperar frente a la Escuela Normal para conseguir un lugar.
La Sinfónica incorporó de esta manera un nuevo escenario a su recorrido por Paraná. No fue cualquier espacio: el Salón de Actos de una institución que acaba de cumplir 155 años y en el que la orquesta no se había presentado en los últimos quince años.
Antes de despedirse, el director dejó anunciada la próxima cita. La Orquesta Sinfónica de Entre Ríos volverá a presentarse el sábado 29 de agosto, esta vez en el Centro Cultural La Vieja Usina, con entrada libre y gratuita.


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