Memoria Frágil: historias y relatos sobre los castillos de Concordia

Entre las ruinas del Castillo San Carlos y las páginas de “El Principito” existe un puente hecho de memoria, historia e imaginación. “Memoria Frágil” reconstruye el vínculo entre Concordia y Antoine de Saint-Exupéry, donde un aterrizaje inesperado terminó inspirando una de las obras más leídas del mundo.

Hay lugares donde la historia parece resistirse al paso del tiempo. El Castillo San Carlos, en Concordia, es uno de ellos. Sus muros derruidos no hablan únicamente de una fortuna europea que buscó reproducirse a orillas del río Uruguay, ni del esplendor industrial que transformó la región a fines del siglo XIX. También conservan la huella de un encuentro improbable que terminó proyectándose sobre la literatura universal.

Cuando Antoine de Saint-Exupéry llegó hasta allí, obligado por un aterrizaje de emergencia, difícilmente imaginó que aquellas horas compartidas con las hermanas Fuchs Valon sembrarían imágenes que décadas más tarde encontrarían eco en “El Principito”. Como escribió el propio autor, “Las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le ocurre despertarse”. Algunas germinan en un desierto; otras, entre las barrancas entrerrianas y las ruinas de un castillo.

La historia de San Carlos confirma también que “lo esencial es invisible a los ojos”. Porque el verdadero valor del sitio no reside únicamente en su arquitectura francesa ni en los materiales llegados desde Europa, sino en aquello que el tiempo fue depositando sobre sus piedras: relatos familiares, memorias compartidas, fotografías, libros y una identidad que convirtió a Concordia en una escala indispensable para comprender el universo creativo de Saint-Exupéry.

El incendio, el abandono y el saqueo parecían haber condenado definitivamente al castillo. Sin embargo, la decisión colectiva de preservar sus ruinas antes que reconstruirlas devolvió sentido a un patrimonio cuya fuerza radica precisamente en las marcas de su propia historia. Allí resuena otra de las enseñanzas del pequeño príncipe: “Cuando por la mañana uno termina de arreglarse, hay que hacer cuidadosamente la limpieza del planeta”. Cuidar la memoria también implica restaurar aquello que nos constituye.

Hoy, entre senderos, árboles centenarios y paredes abiertas al cielo, el Castillo San Carlos sigue invitando a mirar más allá de la piedra. Quizá porque, como ocurre con las grandes historias, cada visitante termina encontrando allí una parte de la suya.

Historias y relatos sobre los castillos de Concordia

En el noreste de la Capital del Citrus, a orillas del río Uruguay, se alza todavía un lugar que parece sostenido por la memoria más que por la piedra: el Castillo San Carlos. Su historia empieza en 1885, cuando el francés Edouard Demachy llegó a estas tierras con su esposa y su pequeño hijo, decidido a instalar un saladero y a construir, a trescientos metros del río de los Pájaros, una réplica del castillo de su padre, un banquero adinerado de Francia. De eso se trata esta historia.

La obra se levantó entre 1886 y 1888, con materiales traídos de toda Europa: hierro inglés, maderas alemanas, mármoles italianos, arañas de cristal y terciopelos franceses. Una casona de estilo Luis XV, de 1.200 metros cuadrados y 27 ambientes, que llegó a dar trabajo a 930 obreros y que impulsó, junto al saladero, una fábrica de extractos, una jabonería, una fábrica de conservas y otra de hielo. Todo ese esplendor duró poco: en octubre de 1891, tras la muerte de su padre y la repartición de bienes en Francia, Demachy y su familia abandonaron el castillo para siempre.

Silvina Molina, licenciada en turismo y jefa del Parque San Carlos

“El Castillo de San Carlos es parte de la identidad de los concordienses. Es lo que mucha gente habla de la otredad, porque nos hace únicos, nos hace distinto al otro, y hace que tanta gente nos visite, tanta gente disfrute de las visitas guiadas y tanta gente vuelva como concordiense con sus hijos, con sus nietos, a redescubrir el Castillo de San Carlos desde otro lugar. Porque siempre lo recuerdan al Castillo de San Carlos como un lugar que han disfrutado jugando a la pelota, paseando, caminando por sus muros, y hoy en día, después de la puesta en valor y consolidación, es un lugar distinto para disfrutar y para apreciar”.

Silvina Ovelar, concejal de Concordia

“Esto inicia hace unos años, más con la gestión anterior, se declara a ´Concordia Ciudad Exupéryana´. Entonces, tomando eso y hablándolo con otros concejales, nosotros quisimos crear un recorrido turístico literario que muestre lugares de Concordia usando la estatua de El Principito (…) Porque es un ícono. Porque cuenta la historia que Saint-Exupéry, cuando tuvo su accidente en su avión, estuvo viviendo en ese Castillo. Entonces uno, de hecho, al saber que estuvo con las nenas y después las nombran en parte de sus libros… uno también… vamos a ser realistas, fabula ciertas cosas y se adueña de eso. Pero, es hermoso creer que el libro ´El Principito´ nace en Concordia, ¿no?”.

Roberto Romani, periodista, escritor y gestor cultural

“A mí me interesó desde siempre la historia del Castillo San Carlos y, bueno, y decidí escribir el libro con toda la historia del Castillo San Carlos y con todo lo que ocurrió en torno a esa obra extraordinaria cuando se puso en valor este verdadero palacio. Que, por supuesto, tiene su origen cuando Edouard Demachy, un francés, llegó con su esposa y su pequeño hijo, llegaron en 1885. Y, bueno, trasladaron en su barco desde Francia muebles, alfombras, cortinados, cuadros, vajillas, platería, con el propósito de instalar un saladero y levantar, por supuesto, un gran castillo y una infraestructura acorde al establecimiento dedicado a la fabricación de conservas, de velas y jabones. Bueno, este industrial francés -hijo de un banquero muy rico en Francia-, decidió construir una réplica del castillo de su padre, ¿no? a 300 metros del Río de los Pájaros. Una casona de grandes dimensiones que cubría 1.200 metros cuadrados, imagínense ustedes lo que era esto, ¿no? Con una planta principal en la parte alta y una accesoria y dependencias de servicio en la parte baja. Este solar provinciano en el Noreste de la Capital del Citrus, donde actualmente se erige orgulloso, el Castillo San Carlos fue el lugar elegido para levantar este verdadero palacio, con 27 ambientes, estatuas, jardines y valiosos cuadros y, además, la decisión del dueño de casa de dar trabajo a 930 obreros que desarrollaron en el poco tiempo que estuvo en Entre Ríos todos sus emprendimientos”.

El casco quedó luego en manos de la familia Fuchs Valon, y fue allí, a partir de 1929, donde ocurrió el episodio que terminaría de fundir la suerte del Castillo con la de la literatura universal. Antoine de Saint-Exupéry, al frente de la Aeropostal Argentina, cubría con aviones Latécoère el trayecto entre Buenos Aires y la Patagonia, y también hacia Corrientes y Paraguay. En uno de esos vuelos debió realizar un aterrizaje forzoso cerca del Castillo: una rueda de su avión quedó atascada en una vizcachera. Entre la desorientación del percance aparecieron dos jóvenes montadas a caballo, Edda y Suzanne Fuchs Valon, de 18 y 12 años, que se burlaban en francés de la torpeza del aviador. La sorpresa fue mutua cuando él respondió en el mismo idioma. Esa tarde, las hermanas lo invitaron a conocer el castillo y a sus padres, y así comenzó un vínculo que Saint-Exupéry evocaría después con nostalgia en sus libros, llamando a las hermanas “las princesitas argentinas” y describiendo aquel lugar como un castillo de leyenda.

“Para el concordiense, el Castillo San Carlos tiene un significado muy, muy particular. Quizás, su puesta en valor en el año 2013, no han hecho la visita guiada, pero todos saben, todos tienen algún comentario para hacerte respecto a la historia del lugar. Es realmente algo que nosotros nacimos con las ruinas del Castillo. Y después verlo mejorado y puesto en valor significa muchísimo recuperar ese espacio. Y para el turista… hay turistas que ya llegan sabiendo más o menos con la historia que se van a encontrar y hay gente que llega porque la excursión les vendió el “city tour” por la ciudad y no tienen idea de la historia que van a escuchar dentro de las ruinas del Castillo. Y es increíble, realmente, a veces, las emociones que afloran respecto a la historia, al lugar, hay gente que ha salido llorando literalmente de la emoción de conocer ese espacio y te dicen, el libro ´El Principito´ es mi libro de cabecera y no sabía esta historia, o gente que quizás nunca leyó el libro y sale preguntándote dónde ir a comprarlo, porque se lo quiero llevar a mi hijo o a mi nieto de regalo para que lo lean. Así que es un lugar muy motivador. Es un lugar realmente mágico”.

Silvina Molina, licenciada en turismo y jefa del Parque San Carlos

“Para la gente que no sabe, nosotros, de generación en generación, hemos compartido la historia y este encuentro único que tuvieron las hijas de la familia Fuchs Valón, una familia francesa, que era Edda y Suzanne Fuchs Valón, que lo sostenemos en el tiempo y que da después esta historia mágica relacionada al ´Principito´, cuando las chicas… chicas de 12 y de 18 años tenían la costumbre de cabalgar por el parque, y en una de esas tantas cabalgatas se encuentran a un señor de nariz respingada, de casi dos metros, que caminaba como un oso y que había atascado la rueda de su avioneta en una vizcachera… Gran susto se lleva cuando, por supuesto, que las chicas adolescentes -ellas- se burlan y se burlan en francés, como diciendo, qué tonto no vio la vizcachera y gran susto se llevan cuando él les contesta en francés. ¿Y quién era? Era Antoine Saint-Exupéry.

María Cecilia Segovia, profesora de Francés, UNER

“Nosotros, desde la cátedra de Francés de la Facultad de Ciencias de la Educación, nos presentamos en un proyecto de innovación pedagógica, del que tratamos de participar anualmente y lo ganamos. ¿Qué era ese proyecto de innovación pedagógica? Nosotros propusimos lectura de Saint-Exupéry, tanto para el Francés 2 como el Francés 3, de las carreras de Comunicación Social y de Educación de la Facultad de Ciencias de la Educación. Y, entonces, nos pareció interesante completar este trabajo de lectura, que puertas adentro del aula, hace un trabajo áulico, tiene que ver con comprensión lectora, con producción escrita, con comprensión oral. Y, teniendo tan próximo dentro de nuestra provincia una parte viviente, una historia que podíamos ir a recuperar como fue el accidente que tuvo Saint-Exupéry en Concordia, se nos ocurrió -junto con mis colegas Agustina Mai y Gisela Rivas-, que somos las tres profesoras de Francés, redactar esto. Tuvo muy buena recepción en las autoridades que deciden que sí o no, y así fue que marchamos hacia Concordia”.

De aquella estadía, sumada a la experiencia posterior de un accidente en el desierto del Sahara, nacería buena parte de la inspiración de “El Principito”, publicado en Estados Unidos en 1943 y en Francia recién en 1946, dos años después de que su autor desapareciera en el mar Mediterráneo, cerca de Marsella, el 31 de julio de 1944, mientras sobrevolaba territorio ocupado durante la Segunda Guerra Mundial. También antes había dejado testimonio de Concordia en el capítulo “Oasis” de “Tierra de hombres” (1939) y en un artículo periodístico escrito para una revista francesa en 1932. Recién en 1998 un pescador de salmón encontró en el mar una pulsera de plata con el nombre del escritor y de su esposa, y dos años más tarde una expedición submarina dio con los restos del avión, hoy exhibidos en el Museo del Aire y del Espacio de París.

Roberto Romani, periodista, escritor y gestor cultural

“Vale la pena señalar que el Castillo San Carlos se construyó entre 1886 y 1888, donde cientos de voluntades y brazos de alguna manera acostumbrados al rigor del trabajo esforzado, lograron levantar las paredes y transformar el antiguo potrero de Los Bica en un punto de referencia inconfundible y distinguido, digamos, ¿no? Donde residió la familia de Demachy, se propagó el proyecto industrial de avanzada con la habilitación del saladero, de la fábrica de extractos, la jabonería, la carpintería, la casa de los peones, con el respectivo anexo de la caballería, la fábrica de latas para conservas de carnes y la fábrica de hielo. Bueno, la casona en sí, al estilo Luis XV, fue construida con materiales europeos y piedra lavada extraída de la costa del río como revestimiento exterior. El hierro se trasladó desde Inglaterra, la madera de los pisos y los revestimientos desde Alemania, las estufas de mármol de Carrara para la calefacción central desde Italia, mientras que el material refractario, las arañas de cristal, el mobiliario, los cuadros y el revestimiento de terciopelo de las paredes llegaron desde Francia. Todo ese lujo, todo ese esplendor trasladado de Europa a ese rincón hermoso de Entre Ríos, ¿no? Con un moderno sistema de iluminación a gas, de avanzada también para ese tiempo. Todo esto duró mientras permaneció Demachy. Un domingo de octubre de 1891, de Demachy con su esposa y su hijo se fueron, volvieron a Francia, había fallecido su padre, se venía la distribución de los bienes y el francés eligió volver a su origen”.

Silvina Ovelar, concejal de Concordia

“El circuito turístico literario Concordia Cuna de El Principito, fue aprobado por unanimidad, tuvo un muy buen consenso. Es más, los dos bloques opositores aportaron muchísimas cosas antes de que se vote, y de hecho el recorrido, que si querés te lo nombro, fue consensuado totalmente con todos los concejales… sería la Plaza de las Américas, Viña de los Moulins, el Centro de Convenciones Concordia, el Cementerio Viejo, el Parque Ferré, la Plaza Urquiza, la Plaza España, la Peatonal de Concordia, la Plaza 25, voy rodando… el Ferrocarril Urquiza, el Parque Mitre, estamos viendo el final de la Costanera 1, y había puesto otro en la zona verde, en Casa de Piedra, entonces era como que iba a haber 4 en un solo lugar, entonces estamos viendo de cambiar esa parte de la Ordenanza y dejar dos emblemáticos, porque ahora tenemos la Costanera Nebel, entonces ahí va a haber otro: la costanera Nebel, en Plaza Zorraquín, por supuesto, en el Naranjal de Pereda, en el Hostal de Río, y terminando en el Castillo San Carlos”.

María Cecilia Segovia, profesora de Francés, UNER

“Llegamos a San Carlos, pero con muchas… una introducción de consignas previas que habíamos hecho acá en Paraná. ¿Y por qué lo remarco a esto? Porque el proyecto incluía trabajar con otras cátedras dentro de ambas carreras. Entonces, tuvimos el honor… fue hermoso poder trabajar con el Taller de Especialización de Audio 2, y con el Taller de Especialización en Gráfica 1 y 2, ambas cátedras de nuestros alumnos también. Entonces, bueno, las 3 cátedras impartimos las consignas para poder hacer y llevar a cabo el trabajo de campo. ¿En qué consistió esto? Teníamos que, bueno, desde Francés había consignas que tenían que ver con la producción. Desde Audio, ellos debían encontrar los puntos importantes para poder fijar lo que se llama la geolocalización, que es esto de que cuando nosotros vamos a los museos encontramos un QR, lo leemos y o escuchamos un audio o se despliega un video… bueno… en este caso, trabajos de audio… entonces… los estudiantes debían encontrar el lugar donde se iba a colocar el QR. Y, por parte de Gráfica, los estudiantes también debían encontrar la inspiración para poder hacer el trabajo final de la cátedra, que era una serie de tres postales. Un sistema de postales, eso es exactamente así: un sistema de postales para poder hacer el trabajo final de Gráfica. Hasta acá era lo que teníamos previsto, ¿no? Vale remarcar que en el Museo del Castillo de San Carlos nos invitaron, o sea, no nos cobraron la entrada, porque les parecía muy interesante que estudiantes de UNER pudieran estar recorriendo el lugar para un trabajo posterior”.

Roberto Romani, periodista, escritor y gestor cultural

“Como podrán imaginar, desde el abandono desde Demachy de su castillo, la intervención de la Sociedad Rural, de la Municipalidad de Concordia y bueno y cantidad de familias que comenzaron a residir allí en el Castillo San Carlos. Pero, ocurrió un hecho: había llegado a la Argentina en el año ´29, comienzo del ´29, Antoine Saint-Exupéry, quien iba a ser el autor de muchos libros, pero, fundamentalmente ´El Principito´, ¿no? Ellos vinieron a la Argentina, vino él al frente de la Aeropostal Argentina, llevaban la correspondencia, hacían el trayecto entre Buenos Aires y la Patagonia, con aquellos Latécoère 25 (también llamado Late 25) de ala alta, ¿no? Después tuvieron los aviones Potter también. Pero, digo, qué tremendo era viajar en esos aviones con los vientos patagónicos, cada día. Bueno, lo hicieron y le fue muy bien a la aeropostal, a tal punto que inauguraron el servicio a Corrientes y Paraguay. Y en esa tarea de verificar el recorrido, Antoine Saint-Exupéry llegó a Concordia. Fue el 27 de octubre de 1929 cuando ese silencio costero se vio aturdido por el sonido de un avión que, a poco de ser divisado por los dueños de casa, aterrizó en un campo lindero. Las niñas, las hijas del matrimonio Fuchs Valon, Edda y Suzanne, montadas en dos caballos criollos, se acercaron al lugar y en idioma francés comentaron la poca pericia del aviador que con cara de preocupación observaba el deterioro que había sufrido su unidad al deslizarse una rueda en una vizcachera. Bueno, la respuesta en el mismo idioma por parte del visitante sorprendió a las jóvenes anfitrionas, quienes, superando aquel momento de tensión, digamos, lo invitaron a trasladarse al palacio y conocer a sus padres. Bueno, de esta forma, Antoine Saint-Exupéry hacía su arribo a tierra entrerriana, iniciando una relación, digamos, plena de aventuras y emociones que, con los años, después evocaría con belleza, ¿no es cierto? en las páginas de sus libros consagrados. Aquella tarde… maravillosa para los dueños del castillo, porque llegaba un aviador, un hombre con mucho mundo… aquella tarde también fue un encuentro importante para el autor de ´El Principito´, ya que con el tiempo ya veremos ese contacto con las niñas Fuchs Valon, esa estadía en el Castillo fue inspiración -junto con la detención de su avión en el desierto del Sahara- para escribir su obra cumbre que publicó en 1943, como fue ´El Principito´”.

El Castillo San Carlos, mientras tanto, había sufrido su propio calvario: incendiado en 1938, quedó décadas en el abandono y el saqueo, hasta integrar una gran propiedad municipal de casi cien hectáreas, hoy área natural protegida. Recién en 2013, tras una consulta popular impulsada desde el municipio, se optó por poner en valor las ruinas antes que reconstruir el edificio completo. El trabajo fue reconocido con un premio nacional, comparable al de las Ruinas de San Ignacio en Misiones, y culminó en una noche de octubre de 2013 en la que miles de personas asistieron a un espectáculo inaugural.

“El Castillo es un lugar que tiene su propia magia. Uno ni bien entra, a veces sin empezar a contarles la historia del lugar, la gente ya empieza a hacer preguntas automáticamente, qué pasó y demás, y cuando una trata de ordenarles el relato y contarles cómo realmente es la historia, la gente se queda asombrada, porque muchos no pensaban encontrar semejante construcción con lo que es la historia del lugar. Es la magia que se siente. Nosotros tenemos acá, en la ciudad de Concordia, un recorrido que se llama ´Tierra Mágica del Principito´, realmente lo es. Es un lugar que es mágico”.

Nico Herzog, guionista, productor y director de cine

“La idea de la película un poco siempre la tuve en la cabeza. Casi te diría desde que empecé a hacer cines. Porque detrás de San Carlos y detrás de la historia del Castillo siempre había muchas historias, primero involucradas con mi propia infancia, con mi propia adolescencia… un lugar que era un poco mágico para todos los concordienses, ¿no? Donde compartíamos lugares con amigos, con familia. Pasábamos ahí tiempo después cuando salíamos de bailar, los fines de semana. Había muchas historias que en realidad tenían mucho que ver con la oralidad, con la transmisión oral de algo que no tenía mucho sustento en investigaciones ni literarias ni científicas. Y un poco todo lo que sucedía en torno a esa leyenda, a esa mitología, me fue alimentando un poco esa necesidad de que en algún momento contar de alguna manera algo. A mediados de los ´90, un colega y amigo, ya fallecido, Danilo Lavigne, había hecho un documental, una película en realidad de media hora, un medio metraje, se llamó ´Oasis´. Seguramente escucharan hablar de esa ´peli´. Yo tuve la oportunidad de conocerlo a él cuando empecé a hacer cine… fines de la década del 2010, 2009-2010, de hablar mucho con él sobre sobre esto… él era un apasionado un poco de la historia de San Carlos. Y siempre me contaba que tenía ganas de avanzar con el proyecto, De que se había quedado un poquito inconclusa su idea, ¿no? … de filmar en Francia, de contar un poco la parte de la familia de Saint-Exupéry, y dos años después muere Danilo… y de alguna manera sentí que había una oportunidad ahí de decir… bueno… avanzar un poco con ese legado de alguna manera, ¿no? Que él tenía ganas de concluir”.

Roberto Romani, periodista, escritor y gestor cultural

“Hemos hablado de Saint-Exupéry y vale la pena señalar que durante su estadía en Buenos Aires había conocido a Consuelo Suncín, una salvadoreña, y se había casado con ella, ¿no? Bueno, y después se fue de la Argentina con su compañera el 1º de febrero de 1931. Se alejó de nuestro país quien iba a publicar poco tiempo después, ´Vuelo Nocturno´, un bellísimo libro que hemos disfrutado mucho, y también ´Tierra de hombres´, que vio la luz en 1939. Hay un capítulo, ´Oasis´, donde habla precisamente de las niñas, de las princesitas, de este cuento de hadas que fue para él llegar a sobrevolar los montes -como dice- de pronto, descubrir San Carlos un castillo de leyenda, de allí el título que yo le di a mi libro, ¿no? Lo importante que en 1942 editó ´Piloto de guerra´ y finalmente en 1943 dio la luz ´El Principito´, que se publicó originalmente en los Estados Unidos. Miren qué curiosidad, ¿no? En Francia se editó en 1946, es decir, dos años después de la muerte del autor. Con 43 años, Antoine Saint-Exupéry se integró a las Fuerzas Francesas Libres, así se llamaban, durante la Segunda Guerra Mundial, y desapareció en el mar Mediterráneo, cerca de Marcella, el 31 de julio de 1944, cuando observaba el movimiento de tropas alemanas. Pasaron los años, por supuesto, es decir, pasaron muchos años sin saber nada de lo que había sido la vida de Saint-Exupéry, de su avión, no se sabía nada, pero en 1998 un pescador de salmón descubrió una pulsera de plata que tenía grabado el nombre del escritor y de su esposa. Bueno, dos años más tarde se movilizó el gobierno de Francia, dijo, allí pueden estar los restos y el buzo Luc Vanrel, en el transcurso de una expedición submarina encontró los restos del avión, que desde el 2004 se exponen en París en el Museo del Aire y del Espacio. Concluía allí esa etapa de averiguaciones, de investigación que llevó a descubrir los restos de Saint-Exupéry y de su avión, que habían sido hundidos por los alemanes en aquella infausta jornada de 1944”.

María Cecilia Segovia, profesora de Francés, UNER

“Volvimos… Tuvimos unas instancias de exposición, de varios trabajos. La gente de Audio grabó los audios que con el QR luego se iban a abrir a partir de que se leía el QR, se activan. En esos audios hubo bastante participación de la lengua extranjera: francés. Los estudiantes leían párrafos de algunos libros de Saint-Exupéry, o hacían referencia a su investigación, ¿verdad? Y con la participación del francés. Y, para la confección del sistema de postales, la consigna fue pensar qué diría o qué sentiría hoy ´El Principito´ en este mundo tan digital. Las producciones fueron fantásticas. Y es así cuando los docentes decimos que uno lanza una consigna y no sabe dónde termina. Como lo dije hace un ratito… porque las producciones fueron fantásticas… Fantásticas a tal punto que cuando nosotros vimos este trabajo de producción tan hermoso, tanto de lo de Audio como lo de Gráfica… un detalle: en las postales, los textos estaban en francés. Así que eso también fue un trabajo grande, porque de repente una piensa algo en su lengua materna y no es lo mismo traducir. Así que fue un trabajo de interpretación importante (…) Este trabajo se expuso acá, en Paraná, en la Facultad nuestra, en la sede, en el patio, que está muy lindo, un nuevo SUM que hay en la Facultad de Ciencias de la Educación, que se entra por Alameda de la Federación. Se hizo la exposición y dijimos, esto acá no puede quedar. Así que es como que hicimos una segunda versión de nuestro proyecto de innovación pedagógica y hablamos con la dirección del Museo en San Carlos. Silvina nos dijo: ´métanle para adelante´. Así que, bueno, pedimos acá en UNER la posibilidad de que llevaran nuestro material para ser expuesto allá. La cuestión es que hicimos un montón de ´mandaditos´ de un lado del otro, y con la mejor buena voluntad, un chofer de nuestra Facultad, con el auto de la Facultad, llevó a dos estudiantes para poder montar la muestra allá. Así que, durante todo el verano, la muestra, las producciones de los estudiantes de Comunicación Social fueron expuestos en el Castillo de San Carlos, y en cada sitio donde debía ir fueron pegados los QR para que el público pueda escuchar las producciones realizadas acá. Ese fue nuestro proyecto”.

Nico Herzog, guionista, productor y director de cine

“En el 2014 se había puesto en marcha el proceso de restauración del Castillo que había estado, … bueno… se había incendiado, conocen un poco esa historia… estaba en ruinas desde hacía muchísimos años, un poco abandonado también. Y esa puesta en valor, esa puesta en marcha y ver ese proceso de restauración un poco, me alimentó ese deseo que había estado ahí siempre dando vueltas. Comenzamos a desarrollar el proyecto, que en principio iba a ser un documental pequeño sobre este proceso de restauración, pero en el proceso de investigación se empezaron a abrir muchas líneas. Primero, entender un poquito la mística de ese lugar, de lo que implicaba San Carlos y la mitología de ese lugar para los concordienses y demás. Entonces, hasta ahí sentía que había algo que estaba bueno, pero tenía que encontrar un poco el corazón de la película, que la proyecte, le dé universalidad… trama para hacer una película. Ahí conocí a Silvina Molina, que un poco me habilitó mucho material sobre la historia de la familia de (Edouard -Eduardo) Demachy, que fueron los constructores del palacio, de la familia Fuchs (Valon), que había recibido a Saint-Exupéry entre el ´29 y el ´30. Conocí un poco la historia del legado que había tenido Saint-Exupéry en la ciudad y en esa familia, el vínculo que había tenido con las chicas. Y un poco ahí empecé a encontrar que en ese vínculo de Saint-Exupéry con Suzanne y Edda Fuchs, estaba un poco el corazón, no solo de ´Oasis´, que era el cuento que él había escrito tiempo después de estar en Concordia y que había formado parte de ese hermoso libro de ´Tierra de hombres´; sino también un poco la idea que me gustaba cómo en donde me gustaba indagar. Pero, hasta ahí tampoco entendía que había algo original todavía en la película, que estaba bueno, pero quería encontrar un poquito el corazón”.

El Castillo San Carlos se convirtió en el mayor atractivo turístico de Concordia y en un emblema de identidad para varias generaciones de concordienses, que lo recuerdan como escenario de juegos de infancia y hoy lo redescubren con sus propios hijos y nietos. Recibe visitas guiadas todos los días del año, con propuestas que van desde recorridos tradicionales hasta itinerarios temáticos dedicados especialmente a los admiradores de Saint-Exupéry, que reconstruyen su paso por el lugar a través de aquellos textos y de la historia de las hermanas Fuchs Valon. El vínculo con el escritor se volvió, además, parte de las políticas culturales de la ciudad: un circuito turístico literario declarado por unanimidad recorre distintos puntos emblemáticos y culmina en el castillo, mientras que la estatua “El Principito y su asteroide”, obra de la escultora paranaense Amanda Mayor, nacida de un proyecto educativo escolar, llegó a integrar una selección de imágenes reconocidas internacionalmente sobre el personaje.

Silvina Molina, licenciada en turismo y jefa del Parque San Carlos

“El Castillo de San Carlos es el mayor atractivo turístico que tiene nuestra ciudad, que tiene una historia muy bonita para contar, una cuestión mágica. Y está dentro de una gran propiedad que pertenece a la Municipalidad de Concordia desde el año 1929, que originalmente se transformó en un parque público. Es un gran espacio público-verde, y que actualmente a través de nuevas ordenanzas y reglamentaciones, se define esas 98 hectáreas como un área natural protegida. Así que siempre en la práctica nosotros tratamos de consensuar y de tratar de mostrar el mayor atractivo turístico de la ciudad, pero también conservar esa gran biodiversidad que tiene el Parque San Carlos (…) Esa estatua se llama ´El Principito y su asteroide´, es un monumento… y esa estatua surgió a partir de un grupo de docentes y estudiantes: en una escuela de la ciudad de Paraná. Esa escuela se llama ´República de Entre Ríos´, número 161, que vino con su docente llamada Inés, que le encantó la visita guiada. En aquel momento no estaba todavía realizada la puesta en valor y consolidación de las ruinas, y le gustó tanto la visita y le gustó tanto eso de pensar en relación a San Carlos y en relación a Concordia, que trabajó con sus estudiantes de un año para el otro un proyecto institucional que tenía que ver con un proyecto trabajado con la educación en valores. Y convocó a la comunidad educativa, y la comunidad educativa contrató a una escultora de Paraná, llamada Amanda Mayor -ya fallecida- que hizo la escultura de ´El Principito´, se llama el monumento, ´El Principito y su asteroide´, donde está el Principito, y abajo está el mundo con todos los elementos del cuento. Y que hace unos años atrás fue elegida como una de las fotos, las imágenes más bonitas que hay en el mundo sobre ´El Principito´, y publicada en la revista súper conocida a nivel mundial, que es ´National Geographic´. Para nosotros también es algo súper bonito. esta este monumento es el hito, es el punto de referencia que nosotros tenemos para vincular al Castillo de San Carlos con Antoine de Saint-Exupéry”.

“San Carlos, sin duda, es un lugar mágico. Sin lugar a dudas, despiertan, ya sea en las en los turistas o inclusive en el concordiense, que quizás lo conoce por fuera, porque nunca lo visitó así, o sea, recibiendo la visita guiada, y cuando la conoce, te dice, no puedo creer que vivo hace 40-50 años en Concordia y no conocía la historia realmente cómo era… es transformador hacer la visita guiada y conocer el Castillo San Carlos… que tiene una magia única y con todo su entorno encima, con ese parque tan lindo que tiene alrededor. Sí, definitivamente el castillo San Carlos es un lugar mágico”.

Roberto Romani, periodista, escritor y gestor cultural

“Lo interesante de la visita del autor de ´El Principito´ a Concordia y al Castillo San Carlos, nos llevaron a consultar documentos como lo hemos hecho para escribir el libro, testimonios orales, bellas metáforas, ¿no? que aparecen en las páginas del libro más difundido. Bueno, esto nos lleva a pensar que el paso fugaz de Saint-Exupéry por el Castillo San Carlos, no solo gravitó en su manera de interpretar la vida y los sueños, sino que además resultó una colorida fuente de inspiración para el autor, que lamentablemente, no pudo comprobar el éxito que tendría su obra. La obra apareció en Estados Unidos en el ´43, apareció ´El Principito´, y él murió en el ´44, no pudo dimensionar el eco en el mundo que iba a tener su trabajo. Bueno, como en las tardes del palacio, junto a Edda y Suzanne, en la Loma Alta de Concordia, aparecen ´El Principito´, zorros que hablan, volcanes, flores con sentimientos, presentadas en un lenguaje sencillo, con reflexiones y enseñanzas que siempre apuntan a la justa valoración del sacrificio y el amor, ¿no? Nos quedamos con esto. Esta fábula mítica editada en más de 300 lenguas y dialectos, ¿no? Que fue traducida al español en la Argentina por Bonifacio del Carril, y a partir -como decimos- de 1951, se analiza cada uno de los capítulos que integran este verdadero relato filosófico donde siempre se plantea en cada página un interrogante sobre la relación del ser humano con el mundo. Esto nos dejó Saint-Exupéry en ´El Principito´, la relación del ser humano con el mundo”.

Silvina Ovelar, concejal de Concordia

“El recorrido es muy lindo. En mi idea loca cuando escribimos esto con un ciudadano también de Concordia que colabora muchísimo, era también que cuando lleguen al Castillo los reciban ´las niñas´ vestidas de época a los turistas. Y la gente lo tomó muy bien, porque me acuerdo cuando lo fui a explicar a una radio, me llamó un panadero e iba a implementar galletitas con la formita de El Principito. Después hay, por ejemplo, muchos emprendedores que empezaron a hacer bolsas con la figura de El Principito, tacitas con la figura de El Principito, el gorrito… El otro día me dijeron, ¿te gusta esta remera? Y yo le dije: sí, está buenísima. Y bueno, quedaron en que me la iban a traer de regalo al Concejo, así que la estoy esperando, y es una remera que dice: ´Bienvenidos a Concordia, cuna de El Principito´ y está el Principito abajo que me encantó… así que bueno… la gente vio como una oportunidad no solo turística sino de emprender, de inventar cuestiones, por ejemplo, el que una trafic y decir: che, yo puedo hacer el recorrido con la gente que viene de afuera… bueno… y todas esas cosas. Yo, te digo la verdad, estoy re ansiosa… empezar a hacer las bases en los lugares que elegimos, y bueno… pero, viste que todo es cuestión… todo lleva su tiempo y Concordia hoy está atravesando otras cuestiones”.

La historia también atravesó el cine y la universidad, con rodajes en Concordia, Buenos Aires y distintos puntos de Francia vinculados a la infancia del escritor. De ese proceso surgió también un libro que profundiza en la etapa del escritor como responsable de rutas aéreas de la Aeropostal en la Patagonia. Más recientemente, cátedras universitarias de Paraná sumaron un capítulo nuevo: estudiantes de comunicación social trabajaron junto al Museo del castillo en producciones en francés —audios geolocalizados y postales ilustradas— inspiradas en la obra del escritor.

Nico Herzog, guionista, productor y director de cine

“Y un poco la película está construida así, con distintas capas… está la capa de la estadía, muy poco documentada de Antoine en Concordia. Está la capa de los audios y las cartas que se envían con Renoir. Está la capa de la película de Danilo y de la película que hicieron el jefe de la compañía postal francesa en los ´60, Didier Daurat, que llegó a Argentina, hizo un documental sobre todo el recorrido que había hecho Saint-Exupéry por Latinoamérica como jefe de la Compañía Postal francesa, que un poco fue el motivo por el que llegó Argentina, y eso lo cuenta también un documental de la televisión francesa y que se incorpora también en la película. La capa un poco de todas las obras que se han hecho sobre esta figura y este libro a lo largo de la historia y también en la región. Y una película que yo invento también dentro del documental, que también un poco es como la mirada del autor mío, pero también es la mirada de Saint-Exupéry, que firmamos en Super 8 y que justamente utilizamos el proceso de restauración del Castillo para firmar en algunas partes como si fuese como emulando un 1930 también… y que son como una especie de falso documental, por decirlo de alguna manera también que la película tiene. Entonces, tiene un poco de eso, tiene mitología, tiene algo de cinefilia, tiene algo de inspiración literaria o retrato de cómo se construye la inspiración literaria. Y también el retrato de un hombre que para mí es fundamental de la modernidad de la literatura (…) Poco conocida su literatura quizás, porque, bueno, su rol como piloto y su libro más vendido, probablemente después de la Biblia el libro más vendido y más leído en la historia universal, ¿no? lo convirtieron un poco en eso… Pero, tiene una obra muy vasta, muy profunda, con libros como ´Vuelo nocturno´, ´Piloto de Guerra´, que son como muy profundos y más oscuros también que ´El Principito´, eso también me interesaba también como retrato. Un Tipo que fue escritor, pero también fue probablemente el ´Messi´ de la aviación ¿no? Para esa época, pensemos en 1930-1920, subirse a un avión, que eran ´latas de sardinas´, trabajar… los continentes, era algo muy arriesgado y eran tipos muy valiosos y muy admirados también por los hombres. Y sus contradicciones también… Así que, bueno, es un poco todo eso la película”.

María Cecilia Segovia, profesora de Francés, UNER

“Para nosotros es un orgullo, porque pensando que todo esto surge desde la lengua extranjera, una lengua extranjera que no es hegemónica, claramente, y que hayamos llegado a tal punto donde también para el estudiante es importante darse cuenta de que ya está empezando a ser comunicador. O sea, no hace falta recibirse… y desde el aula surgen estas producciones y… bueno… para nosotros es hermoso. Y también es muy hermoso poder trabajar inter-cátedra con los colegas de otras cátedras, porque la lengua extranjera que se enseña en la Facultad de Ciencias de la Educación no es la que uno puede aprender en una Alianza Francesa, por ejemplo. Es específica, es con fines específicos. Entonces, eso está buenísimo también”.

Nico Herzog, guionista, productor y director de cine

“La película fue financiada por el Instituto de Cine Nacional, obviamente, es muy difícil hacer cine en Argentina sin apoyo del Instituto, es casi imposible. Sobre todo, hacer cine independiente, cine autoral, cine con una mirada regional, cine desde las provincias. Entonces, fue fundamental. También tuvimos apoyo de la Provincia de Entre Ríos, tuvimos apoyo de la Municipalidad de Concordia, tuvimos coproductores en Argentina, tuvimos de en Francia también, que nos permitió viajar y firmar parte de la película allá y fue hermoso porque fuimos con apoyo de las familias, de los sobrinos, nietos de Antoine, que en ese momento les perdí el rastro, pero ellos son originarios de la región de Aiguèze, Saint-Raphaël, en el Sur de Francia, sobre la costa del Mediterráneo. Pero, imagínate, nos recibieron ahí dos o tres días, filmamos ahí con la familia, que es una familia de la nobleza francesa, pero con mucha apertura y con mucha amabilidad nos recibieron, nos invitaron a participar un poco de sus vidas. Los filmamos en su cotidianidad. Después, pudimos viajar a Lyon, a la ciudad de la infancia de Antoine, a Saint-Maurice, muy cerca de Lyon, donde está la casa de su infancia, que es un poco, es como un museo. Pero, en ese momento al menos estaban ellos en la discusión de qué hacer con la casa, que es una casona que se mantiene muy en pie y también hermosa ahí en las afueras. Y después en la última etapa, filmamos algunas cositas también en París, con lo cual para nosotros fue un equipo muy chiquito, viajamos, creo que éramos tres: el director de fotografía, un asistente de dirección, bilingüe, por supuesto, conmigo, y allá tuvimos un productor y sonidista francés que nos movíamos en un auto durante casi 10 días. Y… bueno… tenemos obviamente un recuerdo hermoso de ese proceso. En París también fue parte del trabajo de investigación que hicimos, recuperamos parte del archivo de Air France, los derechos de (Éditions) Gallimard para utilizar los audios que te contaba al principio, que son muy importantes también utilizarlos. Pero, bueno, sí, obviamente, como todas mis películas tuvieron apoyo del Instituto, apoyo de la Provincia, coproducciones, o como estamos acostumbrados a hacer cine en Latinoamérica como en la mayor parte del mundo también, ¿no? En ese momento todavía las plataformas no tenían el peso que tienen hoy”.

Roberto Romani, periodista, escritor y gestor cultural

“El trabajo que se realizó para poner en valor las ruinas del Castillo fue extraordinario. Como fue importante también la decisión de hacer esta obra. Me contaba Gustavo Bordet, que en ese momento era intendente de Concordia, que él decidió consultar a la ciudadanía para ver qué hacer, si se completaba lo que faltaba del Castillo, si se hacía otra obra o se ponía en valor. Y la gente, mayoritariamente, eligió esta opción: poner en valor las ruinas, que, bueno, se trabajó con mucha seriedad. Los arquitectos, toda la gente que trabajó mereció incluso un premio nacional similar al que recibieron las Ruinas de San Ignacio, cuando se puso en ese ese legado jesuita en Misiones, ¿no? Bueno, este legado francés en Concordia también mereció un premio nacional. El trabajo fue muy bueno, se rescataron muchas cosas muy valiosas para contar la otra historia del Castillo San Carlos, con los saqueos, con el incendio del año ´38 y con todo lo que fue la decisión de un pueblo de no perder ese lugar tan lleno, un lugar patrimonial tan lleno de cultura y de historia. ¿Qué ocurrió? Se trabajó muy bien y llegó el día de inaugurar la puesta en valor del Castillo San Carlos. Y como nosotros decimos, todas las estrellas del cielo montielero se asomaron para derramar el perfume de eternidad sobre las ruinas recuperadas. Fue el 12 de octubre del 2013 cuando más de 15.000 personas disfrutaron de un gran espectáculo inaugural guardando naturalmente en sus retinas y en sus corazones sensibles todos los colores de la alegría. Las luces artificiales cubriendo las fachadas del edificio y la voz del actor y director Marcelo Demonte Becker con el relato del cuadro argumental ´Las Princesitas´, ya que hablábamos de Suzanne y Edda Valón. Y lograron emocionar a la concurrencia y despertar los primeros aplausos de la primavera. Y si algo faltaba para coronar la vuelta a la vida del Parque San Carlos, se contó con la presencia de Iñaki Urlezaga, con 30 artistas en escena, con un maravilloso despliegue tanguero. Hasta allí la crónica que hacemos de ese acto inaugural de la puesta en valor de las ruinas del Castillo San Carlos. Siempre lleno de misterios, siempre hay algo, hay un nuevo aporte, un nuevo testimonio. Nosotros, en el libro pudimos recoger muchos documentos y, por supuesto, muchos testimonios de quienes han trabajado en la recuperación del Castillo San Carlos que -sin lugar a dudas- sigue siendo misterioso y hermoso”.

Nico Herzog, guionista, productor y director de cine

“Nunca tuve la intención de que el documental respondiera preguntas más de índole documental o periodístico, científico, ¿no? Siempre me interesó más cómo seguir alimentando el mito en torno a ese a ese lugar y a las historias un poco que rodean ese lugar. Me parece que es un poco lo que nos vuelve más humanos, ¿no? Seguir alimentándolo de alguna manera. Es lo más es lo más rico y es lo que me parece lo que habilita también la multiplicidad de lecturas. Por supuesto, que encontré unas respuestas de esa índole, algunas me las guardé, porque… bueno… también un poco tiene que ver con que a veces ir en contra de la ola del mito me parece que desde el lugar de la ciencia a veces mucho sentido no tiene, ¿no? Es más lindo contribuir a la fantasía. Fue parte de algunas discusiones que hemos tenido, e incluso con Silvina Molina. Pero, me parece mucho más enriquecedor y más hermoso, todo lo que siempre pasó en torno a eso, y que al mismo tiempo es un lugar que sigue despertando ese interés, ¿no? Muchas veces a lo largo de los últimos 10 años, ya gente que ve la película le da muchas ganas de visitar el lugar y viajan y después me escriben o se encuentran con la película estando allá. Yo tengo mi casa en Concordia, ahora vivo en Buenos Aires, y tengo un poster de la película ahí en mi casa: Entonces mucha gente que va a mi casa me escribe, ve la película y va al Castillo. Bueno, son como pequeñas cositas que van como armando la circularidad que tiene ese lugar, que muy muy magnético. Yo cada vez que voy a Concordia, una de las primeras cosas que hago es ir a San Carlos, a esas 100 hectáreas ahí, que hay un silencio, creo que no se respira en ningún otro lugar de la ciudad… que tuvo un montón de historia. Ahí se corrió, por ejemplo, seguramente lo sabés, pero se corrió el Turismo Pista o el Turismo Carretera o uno de los dos en la década del ´60, se habían armado las calles circulares. Durante muchos años los autos tenían permitido dar vueltas por ahí… hubo un boliche que fue parte de mi adolescencia, una disco, que fue ´La Sal del Río´, donde íbamos de noche… bueno… hoy es medio que se ha protegido un poco ese lugar y podés ir a caminarlo, transitarlo. La gente sigue eligiendo la oralidad y seguir creciendo un poco en esas historias. Y yo creo que más allá que sigamos escribiendo, haciendo películas y contando y tratando de armar como observatorios sobre el lugar -que me parece muy importante- ha quedado en el imaginario todas las historias que me parecen que confluyen, que son parte -me parece- de la idiosincrasia del pueblo. Y eso me parece que es maravilloso”.

Casi un siglo después de aquel aterrizaje de emergencia, el Castillo San Carlos sigue funcionando como un lugar que mezcla documento e imaginación, historia comprobable y leyenda transmitida de boca en boca. Entre las piedras recuperadas, los relatos familiares y la literatura universal que allí encontró una de sus fuentes, Concordia sostiene, con orgullo y con cierto misterio, la certeza de haber sido cuna de una de las historias más leídas del mundo.